Un profeta

Hubo un tiempo (que quizá fueron todos los tiempos anteriores) en que el cine negro era el género francés por excelencia. Durante décadas y décadas, cineastas como Melville o Chabrol realizaron algunas de sus mejores películas dentro del noir hasta que -en un movimiento muy similar a lo que le ocurrió hace casi una década a la industria japonesa del cine de terror-, el género local perdió su identidad, transmutándose primero en la acción de los “Nikita” o “El profesional” y luego en la de la saga “Transporter”.
Por Ángel Agudo
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